¿Qué tanto bueno puedo decir sobre mí?

Hace unos días escribí sobre mi adicción mental hacia los problemas. Descubrí que llevaba años buscando problemas que resolver y me enmarañaba en demasiadas situaciones que en realidad no me correspondían.

Es parte de mi personalidad el ayudar, pero decidí cambiar mi actitud hacia la vida. En vez de ver problemas y tratar a todo precio de ser la “resolvedora de problemas universal”, tomar un paso atrás y ver en dónde puedo hacer algo útil para el bien de todos y en dónde es mejor no meterme.

Al final, hay que aceptar que en donde más de una persona interactúan, siempre habrá fricciones, malentendidos y conflictos. Eso sí, cuando yo sea la fuente de los problemas, , cambiaré mi actitud o pediré disculpas, y seguiré adelante sin enredarme.

También decidí cambiar mi actitud, sobre todo en áreas en dónde me siento seguido incómoda y enfocarme en algo positivo. ¡Siempre hay algo positivo que reconocer! Como maestra sé que la mejor manera de empujar a los alumnos hacia arriba y hacia adelante es enfocando mi energía en sus cualidades y en lo bueno que hacen, ¿por qué no hacer lo mismo en la vida en general?

Siguiendo este propósito de ver lo positivo, el otro día me senté a escribir en mi diario y me puse como reto escribir cosas buenas sobre mí. ¡Y cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta de lo difícil que es decir cosas buenas sobre mí misma!

Primero pensé escribir mis cualidades, ¿para qué soy buena? Una de las cualidades en las que pensé primero fue creativa, pero enseguida pensé que no soy tan creativa como mi colega que hace cosas increíbles sea lo que sea que se propone. Bueno, entonces ¿qué cualidades tengo? Ah, ¡ya sé! Me intereso sinceramente en el bienestar de los demás… Pero comparada con mi amigo G, nada que ver. G es una persona tan empática, y ¡tiene tanta energía! Siempre está ayudando a todo el mundo. Soy disciplinada, pero ¿será que soy un poco rígida?… Y así me la llevé un rato hasta que me di cuenta de lo que estaba haciendo.

O me estaba comparando todo el tiempo con personas que considero tienen la cualidad en cuestión “mejor desarrollada que yo” o estaba encontrando argumentos en contra de la cualidad que originalmente creí que tengo.

Reflexionando un poco, llegué a dos conclusiones. Uno, de nada nos sirve estarnos comparando con otras personas. Todos somos únicos a nuestra manera y debemos de en verdad encontrar nuestros lados positivos y ayudarnos a nosotros mismos a cultivarlos y desarrollarlos. No todo el trabajo interior se trata de ver nuestros límites.

Dos, si jugamos un poco con la idea de que todos somos únicos y que de nada nos sirve compararnos con los demás, ¡todos tenemos todas las cualidades imaginables e inimaginables en el mundo! La cuestión es en dónde enfocamos nuestra atención y energía. ¿Hacia nuestros limites o hacia nuestras cualidades? ¿Qué cualidades pensamos me serían útiles en la vida para vivir una vida más tranquila y significativa? Pues ¡a enfocarse en ellas y dejar de estar viendo lo que los demás pueden o no pueden hacer!

Así que hagamos el experimento de por lo menos una vez a la semana sentarnos a escribir todo lo positivo que hacemos y que tenemos dentro de nosotros. A escoger nuestros lados buenos y desarrollarlos al máximo. Exactamente como una buena maestra hace con sus alumnos. Corrigiendo poquito a poquito las percepciones, actitudes y acciones limitantes, pero sin obsesionarnos con ellas.

Como el Bhagavad Gita dice: Con la mente uno debe elevarse. Nunca con ella degradarse. Pues del alma puede ser su amiga. Como también su enemiga. (capítulo 6 verso 5)

Adicciones

¿Qué es una adicción? Y ¿por qué nos volvemos adictos a algo/alguien? No pretendo tener conocimiento científicamente comprobado sobre el tema, pero tengo mis propias experiencias y observaciones mezcladas con lo que he aprendido estudiando la filosofía del Yoga durante los últimos cinco años.

Tal vez podríamos decir que hay de adicciones a adicciones. Hay las que nos dañan de manera más visible ya que afectan más rápido al cuerpo y la mente como las drogas y el alcohol y son en las que normalmente pensamos cuando se habla de adicciones.

Además, durante los últimos diez o quince años se habla de la adicción al azúcar o comida en general. La adicción al azúcar es al parecer precida a la del alcohol y las drogas, ya que se dice que al tratar de dejar el azúcar, el cuerpo tiene síntomas de abstención.

Cuando se es adicto a la comida, se mueve uno más hacia el tema de la adicción mental o emocional, que obviamente también estan presentes en las adicciones mencionadas. Come uno para compensar alguna emoción difícil como estrés o tristeza y en muchos casos no está uno conciente de ese patrón de comportamiento.

Según la filosofía del Yoga, la mayoría de seres humanos tenemos una sensación de vacío dentro de nosotros. Algunos más marcada que otros, y gran parte de nuestras acciones en este mundo están orientadas hacia llenar ese vacío. La mayoría de nosotros no estamos concientes de ello. Ese vacío existe porque no estamos conectados con nosotros mismos. Desde que nacemos estamos acostumbrados a buscar en el mundo exterior lo que ya tenemos en el mundo interior, pero mientras más buscamos afuera, menos estamos conectados adentro. Lo que básicamente estamos buscando es amor, paz y libertad.

El mundo exterior es temporal y en constante cambio, así que por más que tratamos de llenar nuestro vacío con objetos y personas que se mueven en ese mundo, seguimos sintiendonos insatisfechos. De ahí las adicciones más subtiles como el trabajo, las compras, la comida, entre otras, y mis adicciónes: los problemas y el drama.

Estas adicciónes también nos hacen sentir que tenemos una especie de propósito en la vida: si ahorro lo suficiente y me puedo comprar los zapatos de la marca esa famosa, habré conseguido la felicidad. Si soy disciplinado, tengo actitud de servicio en mi trabajo, doy lo mejor de mi, demuestro al mundo y a mí mismo que valgo algo. Pero todos hemos pasado por lo mismo, ya que tengo los zapatos con los que tanto soñé, la felicidad me dura un rato, pero después se me antojan otros zapatos. O lo que es peor, doy y doy en mi trabajo y un día, sin más ni más, hacen recorte de personal y yo soy la afortunada a la que corren primero.

No sé cuándo empezó mi adicción a los problemas, pero sí sé por qué la tengo. Al querer ayudar a resolver problemas me siento miembro útil de la sociedad, me siento que mi vida tiene razón de ser. Lo único malo es que hasta hace poco no se me había ocurrido pensar que 1) siempre habrá problemas que resolver 2) no todos los problemas tienen solución 3) al creer que ayudo a resolver un problema, surgirán otros problemas como consecuencia de la solución al primero…

No tiene nada de malo querer ayudar, pero si tanto quiero apagar fuegos, ¿por qué no mejor estudié para ser bombero? Mi experiencia durante los últimos seis años es que hay gente y comunidades que se alimentan de problemas. No saben vivir sin problemas. Tal vez no quieren dejar de tener problemas. Y yo sigo sacando el extinguidor creyendo ciegamente que ayudo en algo.

Lo mismo con el drama, que se puede ver un poco como los problemas. Durante los últimos cinco o seis años tuve una amiga a la que consideré mi amiga más cercana. La escuchaba cuando tenía problemas, nos divertíamos cuando no tenía problemas, pero poco a poco me dí cuenta de que me estaba yo enredando en sus dramas. Y sus dramas desgraciadamente son la mayor parte del tiempo, consecuencia de sus propias acciones. Poco a poco tomé el papel de tapete porque como había tanto drama, casí nunca tenía tiempo para pasarlo conmigo. Me buscaba cuando necesitaba consuelo, cuando necesitaba salir de sus problemas, cuando necesitaba de una amiga. A veces, yo necesitaba de mi amiga, pero mi amiga nunca podía estar ahí para mí porque sus problemas eran más grandes que los míos. Primero me sentía frustrada y abandonada en la amistad, y luego me sentía egoista por esperar algo de ella sabiendo que su vida era tan complicada.

Tuve un periódo de cansancio constante y tumulto emocional a principios de la primavera, en parte como concecuencia de mi papel imaginado de solucionadora de problemas, sobre todo en el trabajo y como concecuencia de esta amistad.

Hace una semana, decidí irme de retiro durante un fin de semana. Me fui a una isla remota cerca de donde vivo, me hospedé en una casa de huéspedes y me puse como objetivo guardar silencio durante dos días. No hablar, tratar de no elaborar mis pensamientos, y descansar.

Fue cuando regresé que decidí que mi trabajo no es resolver los problemas de mi trabajo ni de la gente que me rodea. He hecho lo que he podido para contribuir en mi trabajo de manera positiva, he cometido errores también, pero siempre con buenas intenciones. Si los problemas siguen surguiendo, es independientemente de lo que hago o no hago y tengo que marcar mi límite. Hablé con mi amiga y le dije que la quiero con toda mi alma y que espero de verdad que sus problemas se resuelvan pero que ya no tengo energía para seguir así. Lo más importante para mí fue darme cuenta de que ni ella es mala persona ni yo soy mala persona. Simplemente, esta amistad estaba drenandome y ya no podía yo seguir así.

Lo interesante ha sido observar a mi mente esta semana. Me he sentido inquieta, un poco perdida y a veces hasta apagada. Primero no sabía por qué, hasta que ayer descubrí que es porque mi mente no sabe en dónde fijarse. Ya decidí que el drama de mi amiga no es mi drama, y que los problemas de mi trabajo no son mis problemas. Llevaba años de permitirle a mi mente maquilar y maquilar al rededor de estas dos adicciónes día y noche. Ahora que he dicho basta, mi mente no sabe qué hacer. Tengo síntomas de abstención.

La clave ahora es no dejar que mi mente encuentre una nueva adicción y mejor dirigir esa energía y atención hacia algo con un propósito más duradero y positivo. Si sigo las enseñanzas del yoga, eso sólo puede venir del interior de mi ser. Así que a cultivar el silencio, la calma y el amor mezclados con una buena dosis de paciencia y disiplina mental y poner atención a lo que mi alma me diga.

Silencio

Crear la costumbre del silencio puede ser una herramienta poderosa. Al menos una vez al día, sentarse en un lugar sin interrupciones ni distracciones. En silencio, observar la mente. El cometido no es “poner la mente en blanco”, el cometido es dejar los pensamientos venir, pero también intentar dejarlos ir.

Al observar nuestros pensamientos observamos nuestra vida. Podemos darnos cuenta de qué es lo que ocupa nuestra mente, qué es lo que nos causa estrés. Y poco a poco hacer los ajustes necesarios para calmar la mente. Puede ser cambiar nuestra manera de ver las cosas, nuestras actitudes hacia diferentes personas o situaciones, alguna actividad, o simplemente dejar ir aquello que no necesitamos para vivir y que solamente es fuente de aflicción.

También es recomendable pasar periodos de silencio. Puede ser medio día, un día o varios días. Tratar de eliminar todo medio de comunicación: no hablar con nadie, no leer, no usar teléfono ni radio ni televisión. La intención es de darle espacio a la mente para reducir la velocidad.

El cuerpo y la mente pueden reaccionar de diferentes maneras al silencio y todo es parte del proceso. Lo importante es 1) no tener ninguna expectativa otra que pasar un tiempo en silencio 2) aceptar lo que la mente y el cuerpo traigan ya que a veces puede uno tener reacciones inesperadas 3) no juzgarse 2) tener paciencia, lo que sea que la mente nos sirva, es pasajero 3) observar mas no alimentar los pensamientos, es decir, evitar análisis, explicaciones, excusas, etc… Solamente dejar los pensamientos y emociones fluir, observar y dar el tiempo y el espacio necesarios para digerir.

A veces, un periodo de silencio puede traer malestar, incomodidad, pensamientos que no sabíamos que teníamos y es muy importante dejarlos fluir sin miedo, con paciencia y curiosidad. Algo nos están tratando de decir. Puede ser buena idea escribir para eliminar.

Este tipo de retiros ayudan a aclarar la mente. Son muy útiles para tocar algo más profundo que nuestros pensamientos del día a día.

El silencio es mucho más valioso y útil que mil análisis cuando estamos ante un dilema. Pero tenemos que tener el valor de aceptar lo que el silencio nos traiga. Y a veces parece no traer nada, pero al cabo de un tiempo, vemos más claro.

Vivir en sociedad puede a veces ser tan confuso. Como todo sistema para que pueda funcionar, debe de haber pautas y reglas a seguir, pero estas son creadas por nosotros mismos desde nuestros límites y a veces, hay que buscar al interior de nosotros mismos la verdad independiente del límite de dichas pautas y reglas.

Al mismo tiempo, estamos acostumbrados a creer que ante toda elección hay una buena y una mala opción y tenemos pavor a escoger mal. Pero ¿quién decide lo que está mal y lo que está bien? Observamos lo que los demás hacen y escuchamos concejos y aún así, no sabemos qué elegir. Aquí, el silencio puede ser un verdadero amigo fiel e imparcial.

El silencio puede traernos claridad. Nuestra propia claridad.

Convicciones y percepciones

“Valoro a aquellos devotos contentos y satisfechos, que tienen una mente estable por la práctica de la meditación ; aquellos que tienen control sobre sí mismos; de convicciones coherentes y fuertes y que se ofrecen de corazon y mente a mí.” Bhagavad Gita Capítulo 12 verso 14.

Sigo refleccionando sobre el tema de las percepciones después de que publiqué un texto en inglés en donde trato de explicar los retos que veo el apego a nuestras percepciones puede traer.

Todos tenemos nuestra manera de percibir e interpretar el mundo basado en experiencas y en nuestras espectativas hacia personas, situaciones y nosotros mismos.

Al mismo tiempo pienso que debemos de formar nuestras propias convicciones para poder funcionar en el mundo práctico. Es un ejercicio interesante el de tratar de definir qué son percepciones y qué son convicciones y cómo tratar de funcionar de manera efectiva en el mundo con estos dos conceptos en mente.

Tal vez se puede decir que las percepciones son una mezcla entre expectativas según lo que imaginamos es “bueno” o “malo” y opiniones que hemos forjado a través de la experiencia.

Sobre el tema de las expectativas tengo un ejemplo. Mi cumpleaños es justo después de las fiestas de Navidad y Año nuevo, y desde chiquita tengo el recuerdo de que para cuando mi cumpleaños llegaba, ya nadie tenía energía de festejar. Sí recuerdo haber celebrado mi cumpleaños algunas veces, pero seguido era un día que pasábamos en familia. Por alguna razón, mi cumpleaños ha sido durante muchos años una fecha difícil para mí. Me pasaba seguido que el día de mi cumpleaños me comportaba como niña chiquita insatisfecha. Como si esperara algo excepcional. Y como mis expectativas siempre sobrepasaban la realidad, tenía yo la excusa perfecta para sentir lástima hacia mí misma recontando todos los cumpleaños que pasaron desapercibidos y que ni si quiera me dieron regalo porque había recibido mucho en Navidad y los Reyes Magos.

Hasta que un día decidí parar, y reflexionar un poco sobre este mini drama. ¿Es realmente lo que yo percibo? ¿Cuál es realmente el problema aquí? Para ser sincera, pienso que muchas de las ideas que tengo de cuando era chiquita son situaciones que entendí mal o recuerdos de una vez que se volvieron recuerdos de muchas veces en mi cabeza.

Si hago un real esfuerzo por recordar mis cumpleaños, la mayoría de mis recuerdos es de salir a comer a algún lugar con mi familia y pasar un buen momento. Creo que también tuve una que otra fiesta de cumpleaños cuando era chiquita. Y tal vez esto es irrelevante, el punto es que lo pasado pasado y hay que desprenderse.

¿Cómo conecto esto con percepción? Bueno tengo la expectativa negativa de que mi cumpleaños es una fecha difícil (?!), tengo la expectativa de nadie va a querer hacer nada especial para mí (¡ó martir sufrida!) y al mismo tiempo tengo la expectativa de una sorpresa.

La pregunta aquí es ¿de quién es la responsabilidad de decir cómo quiero pasar mi cumpleaños? Sé que es un ejemplo bastante banal, pero me he dado cuenta de que mi mente opera(ba) mucho de esta manera. Al final de cuentas, la única responsable de mi bienestar soy yo. ¿Por qué espero que los demás adivinen?

Entonces, siguiendo las enseñanzas de Krishna en este verso, es mi responsabilidad cultivar mi propia felicidad. Idealmente estando satisfecha de que tengo un año más de vida que compartir con la gente que quiero y si realmente tengo ganas de sentirme como superestrella ese día, no me queda más que organizar mi día e invitar a la gente que quiero.

Si hay algo que quiero cultuvar es una mente estable, y entiendo cómo, el desapego a mis percepciones puede ayudar. Pero creo que aquí es importante conectar con las convicciones. Si mis convicciones están basadas en valores universales como la no violencia, el amor y la  compasión hacia todo ser sin excepción, entonces debo concentrar mi energía en que mis palabras, actitudes y acciones estén de acuerdo con estos valores independientemente de lo que percibo del mundo exterior. Estoy demasiado acostumbrada a vivir en un sistema de trueque en el que si doy esto, debo recibir esto otro. Tal vez si dejo a un lado mis expectativas y opiniones de lo que es “recibir” algo a cambio de mis acciones, veré que recibo mucho más de lo que imagino al actuar según mis convicciones. Recibo paz interior y libertad espiritual aunque el resultado práctico de mis acciones no sea como lo imagina mi mente.

Las últimas líneas de este verso tocan un tema que sé es difícil para muchos: la fé en algo más grande que nosotros. Desafurtunadamente la idea de Dios ha sido distorcionada para muchos de nosotros por instituciones. Y no tengo una idea muy clara ni fácil de explicar, lo único que puedo decir aquí es que, al intentar vivir una vida basada en valores universales como el amor, al ponerse como propósito de dar lo mejor de sí independientement del resultado, es necesario ofrecer nuestros pensamientos y acciones hacia algo más grande que nosotros. No necesitamos llamar a este algo Dios, podemos llamarlo el beinestar de todos, o el amor universal. Una especie de energía que está ahí para nosotros y a la que hay que alimentar con energía similar.

El enojo y otras emociones “difíciles”

Las emociones es un tema que me interesa mucho. ¿De dónde vienen? ¿Por qué tienen tanto control sobre nosotros? ¿Son causadas ​​por circunstancias externas? ¿O son parte de las historias que creamos en nuestra cabeza?

Normalmente clasificamos las emociones entre positivas y negativas, y la mayoría de nosotros consideramos el enojo como negativo porque es desagradable y si le damos rienda suelta, nos lleva a un conflicto. Personalmente no me gusta enojarme y durante muchos años he intentado suprimir esta emoción con muy poco éxito. Como el enojo no va a desaparecer sólo porque salgo corriendo o trato de suprimirlo, la pregunta es ¿qué puedo aprender del enojo y todas estas emociones que no me gustan?

Tal vez si entendemos mejor por qué sentimos enojo, podemos hacer algunos cambios. Te desafío a ser de mente abierta cuando leas esto y jugar un poco con tu mente.

¿Que te hace enojar? Quizás podamos decir que la mayor parte del tiempo el grado de nuestro enojo es proporcional a la situación. Así que empecemos por lo que para mí es el nivel 1.

El enojo que viene de las pequeñas frustraciones de la vida cotidiana: perder el autobús, cuando mis hijos no están listos para salir de la casa por la mañana, cuando no hay más café en el termo en la sala de profesores …

¿De dónde viene la frustración y por consequente el enojo en estas situaciones? La distancia entre mis expectativas y lo que la vida me ofrece.

Aquí un ejemplo, que en realidad no me concerne, pero me pareció divertido. Imaginemos que estoy en el trabajo y que quiero un café. Voy a la sala de profesores y encuentro el termo vacío.

Quiero café -> no hay café = me frustro. ¿Y cuál es la forma más fácil de descargar esa frustración? Echándole la culpa a mis colegas que nunca hacen café.

Sumado a las pequeñas frustraciones de la mañana, esta podría ser la gota que derrame el vaso y termine yo enviando un correo electrónico a todos mis colegas quejándome de su comportamiento. Y, conociendome bien,  al poco tiempo arrepintiendome del tono enojado de éste.

¿Cómo pueden las enseñanzas de yoga ayudarme aquí? Es un juego mental divertido y la palabra clave es desapego. Primero tengo que separarme de la situación. El hecho de que no hay café. Dar un paso atrás. ¿Es esto algo que mis colegas hacen directamente hacia mí? Lo más probable es que no. Entonces, no es personal, puedo relajarme un poco. Pero es injusto, ¿verdad? Yo siempre hago el café y ellos nunca. Independientemente de si esto es cierto o no (lo más probable es que no), también podemos aplicar el desapego. El desapego de mis expectativas hacia mis colegas. Obviamente, podría en algún momento hablar con ellos y pedirles que recuerden que le toca hacer café al que se toma la última taza, pero si el termo sigue vacío cuando quiero café, ¿qué gano esperando que su comportamiento cambie?

Otro nivel de desapego en esta situación sería que, dado que me gusta mucho el café y me gusta ser un miembro positivo de mi comunidad, decido hacer café dos veces al día todos los días, y no espero ninguna recompensa a cambio. No espero que haya café en el termo la próxima vez que quiera una taza y ni siquiera que alguien me lo agradezca. De hecho, esto es parte de la esencia del Karma Yoga: hacer nuestras tareas con una intención clara y no desear que el resultado sea a nuestro favor. Puedo ‘sacrificarme’ por el bienestar general y hacer café para todos.

O, puedo traer mi termo de casa si esta no es un área de mi vida donde quiero hacer sacrificios. Así, acepto que el termo a menudo está vacío, me adapto a la situación al traer mi termo y dejo ir mi frustración que, seamos sinceros,  afecta principalmente mi paz interior.

Ahora veamos el enojo causado por algo más grande que las frustraciones cotidianas. Aquí también, te invito a ser curioso y jugar un poco con tu mente.

Recuerda que no ganamos mucho etiquetando las emociones como negativas. Lo que vemos como emociones negativas o difíciles puede ser en realidad oportunidades para que aprendamos algo nuevo sobre nosotros mismos. Puede que nos enojemos cuando alguien está pasando nuestros límites y hay entonces que con curiosidad reflexionar sobre ellos. También puede ser provocado por el miedo, o incluso por el cansancio. Las emociones negativas nos invitan a hacer ajustes internos, a questionar nuestra manera de percibir las cosas. A veces a invitar a algún camibio, a alguna conversación.

Un experimento que considero interesante y útil cuando me enojo es dirigir mi atención hacia mí, porque me he dado cuenta de que la mayoría de las veces no puedo cambiar las situaciones ni la forma en que las personas actúan. Lo único que puedo hacer es observar los procesos que ocurren en mi mente. Trato de ser muy honesta conmigo misma y, a menudo, el enojo disminuye si cambio mi perspectiva sobre las cosas.

Aquí, como en el nivel 1, el desapego es una buena herramienta. Tratar de no pensar que la situación o la acción está dirigida hacia mí. Aún si en aparencia lo es.  Cada cabeza es un mundo y actuamos a partir de lo que pensamos y lo que percibimos. Si puedes reconocer que los que te rodean quieren lo mismo que tú : felicidad, paz y amor y que a veces pueden estar tan confundidos como tu lo puedes estar,  pues entonces no es tan extraño que a veces actúen de alguna manera que consideras hiriente.

El desapego de las expectativas también puede ser útil en estas situaciones. Siempre habrá una gran diferencia entre lo que yo imagino debe pasar con lo que en realidad está pasando aunado al hecho de que vivo lo que pasa a través de mi propia percepción e interpretación.  Adapta tus expectativas. No ha nada malo en comunicar necesidades, hablar y tratar de encontrar el punto medio, pero esperar que otros cambien puede restultar una experienca agotadora.

Y el último que en lo personal me cuesta mucho trabajo es desprenderse del deseo de que el resultado de nuestras acciones sea como lo imaginamos. Hay que ser amable con los demás, dar amor a los demás y al mismo tiempo borrar todos los días la “cuenta”  que hacemos en nuestra mente. Si realmente queremos alcanzar la libertad interna, esto es crucial. Muy difícil, pero crucial.

Hay situaciones en las que una emoción es tan fuerte que no podemos trabajar con ella de inmediato porque necesitamos calmar la mente primero. Aquí hay algunos concejos que yo considero útiles:

  • No rechazar la emoción, pero tampoco alimentarla. Para hacer esto, puede uno enfocarse en las sensaciones del cuerpo cuando tenemos esta emoción y tratar de respirar profundo, sobre todo al exhalar. Si la mente empieza a hacer historias, a analizar y juzgar, tratar de enfocarse otra vez en la respiración hasta que se haya uno calmado.
  • Demostrar compasión y comprensión hacia uno mismo, pero nuevamente, sin alimentar la emoción. Sin justificar y explicar en la mente por qué “tiene uno derecho a estar enojado”. Como cuando hablamos con un buen amigo, tratar de consolar, de tranquilizar, de mostrar presencia sin echarle leña al fuego.
  • Tomarse el tiempo de sentarse unos minutos en silencio e imaginar que la emoción es algo que podemos tocar, que podemos agarrar. Imaginar que la tomamos con cuidado entre las manos, le damos atención y comprensión antes de dejarla ir.

Y cuando el fuego esté apagado, cuando la miente esté más tranquila, tomarse el tiempo de buscar entender lo que esta emoción nos está tratando de enseñar sobre nosotros mismos. Así, con un poco de trabajo, paciencia y suerte (?) no perderemos la cabeza la próxima vez.