Convicciones y percepciones

“Valoro a aquellos devotos contentos y satisfechos, que tienen una mente estable por la práctica de la meditación ; aquellos que tienen control sobre sí mismos; de convicciones coherentes y fuertes y que se ofrecen de corazon y mente a mí.” Bhagavad Gita Capítulo 12 verso 14.

Sigo refleccionando sobre el tema de las percepciones después de que publiqué un texto en inglés en donde trato de explicar los retos que veo el apego a nuestras percepciones puede traer.

Todos tenemos nuestra manera de percibir e interpretar el mundo basado en experiencas y en nuestras espectativas hacia personas, situaciones y nosotros mismos.

Al mismo tiempo pienso que debemos de formar nuestras propias convicciones para poder funcionar en el mundo práctico. Es un ejercicio interesante el de tratar de definir qué son percepciones y qué son convicciones y cómo tratar de funcionar de manera efectiva en el mundo con estos dos conceptos en mente.

Tal vez se puede decir que las percepciones son una mezcla entre expectativas según lo que imaginamos es “bueno” o “malo” y opiniones que hemos forjado a través de la experiencia.

Sobre el tema de las expectativas tengo un ejemplo. Mi cumpleaños es justo después de las fiestas de Navidad y Año nuevo, y desde chiquita tengo el recuerdo de que para cuando mi cumpleaños llegaba, ya nadie tenía energía de festejar. Sí recuerdo haber celebrado mi cumpleaños algunas veces, pero seguido era un día que pasábamos en familia. Por alguna razón, mi cumpleaños ha sido durante muchos años una fecha difícil para mí. Me pasaba seguido que el día de mi cumpleaños me comportaba como niña chiquita insatisfecha. Como si esperara algo excepcional. Y como mis expectativas siempre sobrepasaban la realidad, tenía yo la excusa perfecta para sentir lástima hacia mí misma recontando todos los cumpleaños que pasaron desapercibidos y que ni si quiera me dieron regalo porque había recibido mucho en Navidad y los Reyes Magos.

Hasta que un día decidí parar, y reflexionar un poco sobre este mini drama. ¿Es realmente lo que yo percibo? ¿Cuál es realmente el problema aquí? Para ser sincera, pienso que muchas de las ideas que tengo de cuando era chiquita son situaciones que entendí mal o recuerdos de una vez que se volvieron recuerdos de muchas veces en mi cabeza.

Si hago un real esfuerzo por recordar mis cumpleaños, la mayoría de mis recuerdos es de salir a comer a algún lugar con mi familia y pasar un buen momento. Creo que también tuve una que otra fiesta de cumpleaños cuando era chiquita. Y tal vez esto es irrelevante, el punto es que lo pasado pasado y hay que desprenderse.

¿Cómo conecto esto con percepción? Bueno tengo la expectativa negativa de que mi cumpleaños es una fecha difícil (?!), tengo la expectativa de nadie va a querer hacer nada especial para mí (¡ó martir sufrida!) y al mismo tiempo tengo la expectativa de una sorpresa.

La pregunta aquí es ¿de quién es la responsabilidad de decir cómo quiero pasar mi cumpleaños? Sé que es un ejemplo bastante banal, pero me he dado cuenta de que mi mente opera(ba) mucho de esta manera. Al final de cuentas, la única responsable de mi bienestar soy yo. ¿Por qué espero que los demás adivinen?

Entonces, siguiendo las enseñanzas de Krishna en este verso, es mi responsabilidad cultivar mi propia felicidad. Idealmente estando satisfecha de que tengo un año más de vida que compartir con la gente que quiero y si realmente tengo ganas de sentirme como superestrella ese día, no me queda más que organizar mi día e invitar a la gente que quiero.

Si hay algo que quiero cultuvar es una mente estable, y entiendo cómo, el desapego a mis percepciones puede ayudar. Pero creo que aquí es importante conectar con las convicciones. Si mis convicciones están basadas en valores universales como la no violencia, el amor y la  compasión hacia todo ser sin excepción, entonces debo concentrar mi energía en que mis palabras, actitudes y acciones estén de acuerdo con estos valores independientemente de lo que percibo del mundo exterior. Estoy demasiado acostumbrada a vivir en un sistema de trueque en el que si doy esto, debo recibir esto otro. Tal vez si dejo a un lado mis expectativas y opiniones de lo que es “recibir” algo a cambio de mis acciones, veré que recibo mucho más de lo que imagino al actuar según mis convicciones. Recibo paz interior y libertad espiritual aunque el resultado práctico de mis acciones no sea como lo imagina mi mente.

Las últimas líneas de este verso tocan un tema que sé es difícil para muchos: la fé en algo más grande que nosotros. Desafurtunadamente la idea de Dios ha sido distorcionada para muchos de nosotros por instituciones. Y no tengo una idea muy clara ni fácil de explicar, lo único que puedo decir aquí es que, al intentar vivir una vida basada en valores universales como el amor, al ponerse como propósito de dar lo mejor de sí independientement del resultado, es necesario ofrecer nuestros pensamientos y acciones hacia algo más grande que nosotros. No necesitamos llamar a este algo Dios, podemos llamarlo el beinestar de todos, o el amor universal. Una especie de energía que está ahí para nosotros y a la que hay que alimentar con energía similar.

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